Hace ya unos cuantos años Pierre Bourdieu afirmaba en su famoso ensayo La opinión pública no existe que en situaciones en las que se constituye la opinión, en particular las situaciones de crisis, las personas se hallan ante opiniones constituidas, de manera que elegir entre opiniones es, claramente, elegir entre grupos. A este principio el Bourdieu lo denominó efecto de politización.
El debate a las retenciones agropecuarias en Argentina se prestan especialmente para este análisis, baste recordar las movilizaciones y los debates en 2008 para quién dude de poder caracterizarlas como una situación crítica y aplicar el principio del famoso sociólogo francés.
Desde hace un tiempo largo, para hablar de retenciones es necesario elegir entre grupos que se definen políticamente y definir cada vez más tomas de posición en función de principios explícitamente políticos. Más allá de cualquier tecnicismo o de la mayor o menor cantidad de alternativas económicas, filosóficas o sociales posibles de ser analizadas, los derechos de exportación son un instrumento de acción política cuya existencia (o no) define una opción al desarrollo.
Y hablando las tomas de posición, durante el presente mes de agosto estamos asistiendo a un debate imperdible sobre el tema, aquí les dejo un generoso extracto.
1. En una primer nota titulada Proteínas como arma de negociación con el mundo, publicada el 5 de agosto de 2010 en diario Clarín, el empresario sojero Gustavo Grobocopatel afirmaba:
“El modelo económico se sustenta, entre otros pero sobremanera, en el aumento de la producción de alimentos, su exportación y provisión asegurada al mercado interno”.
“Pensar que la producción de alimentos es sólo soja y que nuestro rol debería reducirse a él es empequeñecer el horizonte. Argentina posee competitividad para producir una enorme cantidad de productos y el enorme desafío es crear y exportar productos con mayor grado de complejidad . Esto crearía mayor utilización de mano de obra, trabajo más calificado, mayor valor de las exportaciones y más oportunidades para más gente. Lo que está errado, en mi percepción, es creer que la soja es responsable de que ello no ocurra” (…) “podemos perder la oportunidad de crear un siglo de bienestar para nuestra sociedad”.
“Junto a Brasil y la región tendremos el rol de contribuir con más del 50% de la oferta futura de alimentos y energía verdes” (…) “el debate profundo y relevante no es quién captura las rentas sino con qué eficiencia se utilizan las mismas para lograr el desarrollo sustentable”.
2. Grobocopatel, le envía esta nota a su antiguo amigo de la infancia, el escritor y ensayista Mempo Giardinelli, quien fuera mi profesor en la antigua Escuela de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, a lo que éste le responde con una Carta Abierta a Gustavo Grobocopatel. Soja si, soja no.
Publicada el 11 de agosto de 2010 en Página/12, Mempo Giardinelli, entre otras cosas, le contesta al empresario sojero:
“Las oportunidades económicas que mencionás en tu artículo podrían ser incluso compartibles, pero si muchos decimos que la soja es mala para la Argentina es porque vemos los daños que ha producido y produce: bosques arrasados; fauna y flora originarias destruidas; quemazones irresponsables de maderas preciosas; plantaciones desarrolladas a fuerza de glifosatos, round-up y otras marcas que parecen de Coca-Cola pero venenosa. Yo recorro el Chaco permanentemente y viajo por los caminos de las provincias del NEA y el NOA: Santiago del Estero, Santa Fe, Corrientes, Formosa, Misiones, Salta, Jujuy, y veo los ‘daños colaterales’, digamos, que produce la soja: agricultura sin campesinos; cada vez menos vacas en los campos; una industrialización completamente desalmada (eso digo: sin alma) y el incesante, inocultable daño a nuestras aguas”.
“En los viejos campos de algodón, tabaco, girasol o trigo que había en el Chaco trabajaban familias enteras para cultivar cada hectárea. Pero ahora un solo tractorista puede con 300 o 400 hectáreas de campo sojero y eso se traduce en la desocupación a mansalva y el amontonamiento de nuevos indigentes en las periferias de las ciudades de provincia”.
“Tu nota subraya ‘la oportunidad que tenemos’, pero ¿qué desarrollo y qué sustentabilidad tendrán las futuras generaciones de argentinos sobre un territorio desertificado en enormes extensiones, un subsuelo glifosatizado y con las aguas contaminadas con cianuro, arsénico y una larga lista de químicos letales que ya es pública y –sobre todo– notoria?”.
“Soja sí, entonces, pero no si se descuidan el medio ambiente y el agua. No sin desarrollar alternativas verdaderas para los miles de campesinos que han sido y están siendo expulsados de sus tierras de modos brutales o sutiles. No si los sojeros siguen eludiendo impuestos y negreando a sus empleados.
No si las grandes empresas semilleras o herbicidas siguen comprando medios y periodistas para que mientan a cambio de publicidad.
“No todo es soja sí o soja no, de acuerdo. Pero tampoco la declaración de idealismo e inocencia que se lee en tu artículo”.
3. El día 13 de agosto de 2010, el diario Página/12 publica la respuesta de Grobocopatel a la nota de Giardinelli, titulada así de simple, Respuesta a Giardinelli. De esta nota elegí destacar los siguientes párrafos del empresario oriundo de Carlos Casares:
“Todo lo que ves y te preocupa es sin duda una realidad que, desde mi punto de vista, se debe no sólo al oportunismo de algunos pocos, sino a la falta de un Estado de calidad, responsable y respondible. Los problemas que describís deberían ser resueltos con un ordenamiento territorial, con organismos de control, con justicia. Sin soja, este proceso de deterioro que observás se hubiera acelerado, más pobreza, más migraciones a las villas de Rosario o Buenos Aires”.
“La agricultura sin campesinos es parte de un nuevo paradigma vinculado con trasformaciones en la sociedad. Es un proceso que observamos desde la década del ’40, no está asociado a una ideología y no afecta sólo al campo; también hay muchas industrias con menos obreros. Por supuesto que las políticas aceleran o retrasan el proceso y lo pueden hacer más o menos equitativo, pero es inevitable y, desde mi punto de vista, positivo más allá de los temores que despierte”.
“No hace mucho tiempo, a pequeños productores que estaban a punto de perder sus campos en manos de los bancos o de los usureros locales. Este nuevo sistema agrícola de servicios ha hecho mucho más por ellos que el Estado o los organismos públicos o multilaterales. La nueva agricultura, con campesinos transformados en emprendedores, en proveedores de servicios, con hijos en las universidades o escuelas técnicas, con condiciones de trabajo calificadas, creo que es lo mejor para toda la sociedad. Hay más empleo, pero alocados en diferentes lugares, menos productores, más proveedores de servicios, más industrias”.
“Yo creo que la desocupación es menor a la que hubiera habido sin soja, en todo caso lo que falta es la industrialización de la soja en origen y así dar más trabajo. Por ejemplo, transformar la soja en pollo, cerdos, milanesas o derivados lácteos. El tema es cómo se estimula ese proceso. Mi punto de vista es que debería ser la inversión privada con incentivos desde el Estado”.
“En nuestro país el éxito está mal visto, los empresarios son permanentemente degradados, los emprendedores no tienen ganancias suficientes porque la presión impositiva es grande, no hay posibilidades de invertir. Yo puedo decirlo, ya que contra viento y marea en los últimos años invertí en producción de pollo, de harinas, de fideos, etcétera. No lo hice con ganancias grandes, tuve que vender el 25 por ciento de mi empresa a inversores brasileños y no tuve gran apoyo de los bancos.
Qué bueno sería que sean las ganancias genuinas las que incentiven estas inversiones y que haya grandes empresas nacionales que se globalicen y sean parte de una gesta nacional en el mundo. Entonces en Charata o en Sáenz Peña o cualquier otro lugar de Chaco tendríamos más trabajo y retendríamos a la gente en sus lugares. No para subsistir sin dignidad, que para mí es sinónimo de “agricultura familiar”, sino para vivir con calidad y oportunidades”.
“La Argentina este año crecerá el 7 u 8 por ciento, de eso el 3 por ciento se debe a la soja. Y hay otros sectores vinculados: la industria automotriz, petroquímica, química, electrónica, metalmecánica, etcétera. No hubiesen sido posibles las Asignaciones por Hijo, los aumentos a jubilados, sin el aporte del campo. No es lo único, por favor; pero debemos reconocer y agradecer el aporte”.
“Las cosas que te preocupan tienen para mí otra lectura: gracias a la siembra directa no estamos desertificando más, el glifosato es el menos malo de los herbicidas y no pasa a las napas porque se destruye al tocar el suelo. La desigualdad no se puede combatir si no hay creación de riqueza, salvo que quisiéramos igualar para abajo. Creo que la sociedad se debe un debate claro y objetivo sobre estos temas”.
“Hoy un productor aporta el 80 por ciento de sus ganancias como impuestos, con el agravante de que si pierde dinero sigue pagando. El problema no es pagar impuestos. Yo creo que debemos pagar muchos impuestos y fortalecer al Estado. El problema es cómo se paga. Las retenciones son anti-Chaco, anti–desarrollo rural, anti-equidad. De esto tengo certeza”.
“La acusación de negrear o comprar medios es, por lo menos, injusta para la mayoría que cumplimos con nuestras obligaciones. No digo que no haya casos, pero no puedo aceptar este prejuicio”.
4. El domingo 15 de agosto, una nueva carta de Mempo Giardinelli se publica en Página/12 bajo el título Soja transgénica y glifosato, ésa es la cuestión. En ella Giardinelli afirma:
“Ante todo, quiero precisar nuevamente el argumento medular de mi carta anterior: que no es suficiente pensar una ‘estrategia de desarrollo con una visión de largo plazo’ a cualquier precio”.
“Con tu permiso, entonces, voy a discutir algunas de tus afirmaciones. Decís que ‘Falta un Estado de calidad’ y proponés ‘un ordenamiento territorial, con organismos de control, con justicia’. Digo yo: ¿No es justamente eso lo que intenta el Estado ahora, al proponer un Plan Agropecuario Nacional a 10 años, y una ley de arrendamiento que incluye un principio de ordenamiento territorial? ¿Es razonable oponerse sólo porque son propuestas K? Ignoro tu posición al respecto, pero la del llamado ‘campo’ me parece muy contradictoria. Con el debate por la ’125′ pasó lo mismo, y ahora muchos se dan cuenta de que les salió el tiro por la culata”.
“Hacia el final de tu carta decís que ‘gracias a la siembra directa no estamos desertificando más, el glifosato es el menos malo de los herbicidas y no pasa a las napas porque se destruye al tocar el suelo’. Pero esto no es así, porque son muchos los millones de hectáreas que se deforestaron para sembrar soja y tienen destino de desierto ya que las rotaciones son difíciles. Y cuando deforestan para ampliar el área sembrada inevitablemente desertifican, al generar ‘cambio climático’ (ciclos de sequías e inundaciones, como padecemos en el Chaco)”.
“Vos decís: ‘Sin soja este proceso se hubiera acelerado’ y que la degradación data en el Chaco ‘de mucho tiempo atrás, antes de la soja’. Es cierto, todos los problemas son anteriores, pero eso no autoriza a dar la bienvenida a la soja a cualquier precio”.
” ‘La movilidad social era mucho más lenta, para ser agricultor tenías que ser hijo de… Hoy los emprendedores, no importa su origen, pueden llegar a ser productores…’ Aquí tengo otro desacuerdo, Gustavo, porque en la Argentina de hoy, a 15.000 dólares la hectárea, la concentración es asombrosa: hay media docena de grandes agroindustrias, mientras 200.000 productores familiares tienen el 15 por ciento de la tierra”.
“Mencionás luego a los ‘pequeños productores que estaban a punto de perder sus campos en manos de los bancos o de los usureros locales. Este nuevo sistema agrícola de servicios ha hecho mucho más por ellos que el Estado… ‘ Pero esto no es verdad. Fue el Estado el que condonó deudas; fue el Banco Nación el que refinanció a muy bajo costo y apoyó de múltiples maneras a los que perdían sus propiedades. Me parece injusto atribuirle semejantes méritos al nuevo sistema”.
“Decís que ‘la desocupación es menor a la que hubiera habido sin soja’ y que falta industrializar la soja en origen para ‘dar más trabajo’. Esto también es discutible. Hay muchísimos cultivos sin mano de obra, y el 70 por ciento de los que trabajan están en negro. Sobran datos sobre esto. Pero además aquí se dice que no es posible industrializar porque la demanda (es decir, China) la requiere tal como se exporta: puro poroto. Lo que es una condena adicional. Un amigo empresario al frente de una pyme me dice: ‘De aquí sale tabla aserrada pero nada de muebles. Yo visité la región de La Marca, en Italia, y en una zona que no es más grande que Tucumán hay 5000 fábricas de muebles, y exportan 20.000 millones de euros al año. ¡Todo con madera importada!’ Eso es lo que hace China: nos compra el poroto, nuestra tierra queda exhausta y el agua contaminada, y la industrialización la hacen ellos”.
Personalmente estoy con Mempo, por estas palabras y por otras tantas que han sido publicadas en distintos medios. No quiero dejar de decir que lo que más me choca son las palabras de Grobocopatel cuando afirma que la ‘Agricultura Familiar’ es sinónimo de ‘subsistencia sin dignidad’ desconociendo los aportes de ésta a la soberanía alimentaria, a la mano de obra, a las redes sociales, temas que oportunamente destaqué en una ponencia titulada De la intervención a la implicación, por un cambio de enfoque en la gestión de las políticas de apoyo a la agricultura familiar, presentada en el I Congreso de Economía del Desarrollo Globalización, desarrollo desigual y dependencia, en la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales de la Universidad de Málaga, en diciembre de 2007.
Dado que en estos dos años han pasado muchas cosas y en el afán de no salirme del mismo contexto (agosto de 2010), quiero destacar otras dos noticias publicadas durante el presente mes:
I. En el suplemento IEco de diario Clarín, en una nota titulada Los Grobo fabricarán pastas para llevar el trigo a la mesa y publicada eñ 9 de agosto de 2010, Silvia Naishtat afirma:
“Sobre la ruta 5 y a 312 kilómetros de Buenos Aires, un edificio extendido que combina la chapa de los silos, vidrio y cemento con estilo futurista alberga la sede central de Los Grobo” (…) “en ese lugar se toman decisiones de un grupo que cultiva 100.000 hectáreas en la Argentina y otras 180.000 entre Brasil, Uruguay y Paraguay y que facturará US$ 800 millones esta campaña. Desde hace tiempo, los Grobo, con un plantel de 1.000 personas, están concentrados en posicionarse en cada eslabón de la cadena agroindustrial. Por eso, pegarán el salto a la fabricación de pastas integrando la producción de trigo y su transformación hasta llevarlo como alimento a la mesa de los consumidores”.
Los datos publicados por Naishat hechan por tierra las afirmación de Grobocopatel acerca de las imposibilidades de inversión en nuestro país y sobre la inexistencia de grandes ganancias.
II. En una nota titulada Castigo a la gula y publicada en Página/12, Alfredo Zaiat afirma que:
“Los Derechos de Exportación son una importante herramienta de política económica en manos del Poder Ejecutivo para intervenir en el objetivo de equilibrar la estructura productiva con tipos de cambio diferenciales” (…) “en esa puja se dirime una de las principales disputas de poder político, con las correspondientes alianzas sociales que acompañan a cada uno de los actores involucrados y sus respectivos senderos de desarrollo que proponen”.
Como si fuera poco, hoy, Página/12, publica una nueva Carta abierta a Grobocopatel, pero esta vez firmada por el prestigioso economista del Plan Fénix, Aldo Ferrer. Aquí los principales pasajes de la nota:
“Creo que el análisis debe ubicarse en el contexto más amplio del desarrollo de toda la economía nacional en su inmenso territorio y su posicionamiento en el orden mundial. Concentraré mi comentario en la cuestión de las retenciones, que es crucial en el tratamiento del tema”.
“Desvincular las retenciones del tipo de cambio no es sólo una insuficiencia de tu afirmación, sino una falta generalizada en todo el debate sobre la materia. La consecuencia es que el problema se reduce a su impacto en la distribución del ingreso. En mi intervención en las comisiones de Agricultura y
Hacienda de la Cámara de Diputados de la Nación, durante el tratamiento de la resolución 125, destaqué que el debate se limita a ese aspecto distributivo cuando, en realidad, lo que está en juego es la estructura productiva y el desarrollo económico”.
“Para el único fin para el cual las retenciones son insustituibles es para establecer tipos de cambio diferenciales, que es lo que realmente importa para la competitividad de toda la producción interna sujeta a la competencia internacional, en toda la amplitud del territorio nacional y sus regiones”.
“las retenciones permiten resolver el hecho de que, por ejemplo, la producción de soja es internacionalmente competitiva con un tipo de cambio, digamos, de dos pesos por dólar y, la de maquinaria agrícola, de cuatro” (…) “las retenciones, no es estrictamente un impuesto sobre la producción primaria, sino un instrumento de la política económica. El mismo genera un ingreso fiscal cuya aplicación debe resolverse en el presupuesto nacional, conforme al trámite
constitucional de su aprobación y ejecución”.
“Todos los países utilizan un arsenal de instrumentos (aranceles, subsidios, tipos de cambio diferenciales, etc.) para “administrar” el impacto de los precios internacionales sobre las realidades internas, con vistas a defender los intereses “nacionales”. En la Unión Europea, por ejemplo, sucede a la inversa que en nuestro país: las manufacturas industriales son relativamente más baratas que los productos agropecuarios. En consecuencia, se subsidia la producción agropecuaria, lo cual insume la mayor parte de los recursos comunitarios. Si no lo hiciera, desaparecería la actividad rural bajo el impacto de las importaciones, situación inadmisible por razones, entre otras, de seguridad alimentaria y equilibrio social”.
“En nuestro ejemplo, si el tipo de cambio fuera el mismo, dos o cuatro por dólar, tanto para la soja como para la maquinaria agrícola, en el primer caso (dos por dólar) desaparecerían la producción de la segunda y gran parte de la industria manufacturera, sustituida por importaciones. Las consecuencias serían un desempleo masivo, aumento de importaciones, déficit en el comercio internacional, aumento inicial de la deuda externa y, finalmente, el colapso del sistema. En el segundo caso (cuatro por dólar), se produciría una extraordinaria transferencia de ingresos a la producción primaria, el aumento de los precios internos y el desborde inflacionario” (…) “Unificar el tipo de cambio traslada los precios relativos internos a los internacionales, con lo cual el campo se convierte en un apéndice del mercado mundial en vez del rol que le corresponde como sector fundamental de un sistema económico nacional, condición necesaria del desarrollo de cualquier país”.
“la cadena agroindustrial (incluyendo todos sus insumos de bienes y servicios provenientes del resto de la economía nacional) genera 1/3 del empleo y, por lo tanto, es inviable una economía, próspera de pleno empleo, limitada a su producción primaria, por mayor que sea la agregación de valor y tecnología al complejo agroindustrial. En otros términos, no es viable una economía nacional reducida a ser el ‘granero ni, tampoco, la góndola del mundo. Sólo con esto nos sobra la mitad de la población. Por otra parte, la ciencia y la tecnología son el motor del desarrollo de las sociedades modernas y, para desplegarlas, es indispensable una estructura productiva diversificada”.
“Si se alcanza el convencimiento compartido sobre la estructura productiva necesaria y posible, se abandona la discusión de las retenciones como un problema reducido a la distribución del ingreso”.
“Las retenciones deben ser ‘flexibles’” (…) “la comprensible demanda del ruralismo integrado por pequeños y medianos productores de recibir un trato preferente es, probablemente, difícil de cumplir con retenciones distintas conforme al tamaño de las explotaciones o la distancia a los puertos y centros de consumo. Otros medios pueden ser utilizados con más eficacia para los mismos fines.
Es necesario referir los problemas señalados en el intercambio de cartas comentado al desarrollo nacional. Vale decir, el pleno despliegue del potencial, la gobernabilidad, la libertad de maniobra en un mundo inestable, la inclusión social, factores todos que, en definitiva, son esenciales para la prosperidad del campo, de la industria, las regiones, el capital y el trabajo, y para proteger la naturaleza y el medio ambiente. Para contribuir a tal fin es indispensable aclarar, de una vez por todas, qué son y para qué sirven las retenciones”.
Una nueva carta asoma en el horizonte, Gustavo Grobocopatel le contesta ahora a Aldo Ferrer desde Página/12. Aquí los principales pasajes de Carta a Aldo Ferrer publicada el 18 de agosto de 2010. Continuará…?
“Tengo claro que no hay diferentes visiones entre nosotros sobre hacia dónde debemos ir como sociedad y economía; nuestras diferencias están en cómo llegar”.
“Quisiera sólo hacer comentarios de alguien que no es economista pero que, con el respeto y consideración que sabes tengo por vos, tiene muchas dudas sobre tus argumentos que defienden la utilización de las retenciones” (…) “el balance general en estos años no fue bueno: no generó una industrialización competitiva ni sustentable, tampoco grandes cantidades de empresas argentinas de calidad global; los pobres aumentaron y la brecha con los más ricos también; el PBI de Argentina no creció como el de los países semejantes y otras medidas de bienestar más modernas arrojan resultados realmente malos. Para tomar un caso cercano: Brasil, sin retenciones y con un tipo de cambio bajo, tuvo todos los logros que no pudimos conseguir, disminuyendo la pobreza de forma sorprendente”.
“Con más ganancias hubiéramos invertido en industrializar más las materias primas” (…) “en el interior hay miles de emprendedores que, como Los Grobo, están en las gateras esperando las señales. Los pueblos de interior se llenarían de pymes y grandes empresas. El empleo aumentaría y se revertiría el proceso migratorio. El problema de fondo de las retenciones es que genera protección también a sectores que no pudieron ni pueden salir de sus problemas. Las políticas activas de Estado permiten, cuando son diseñadas tomando en cuenta los agentes que las reciben, aumentar la producción a la vez que disminuir los precios de los bienes y servicios que consume la gente, aumentando la calidad de vida de los habitantes y desarrollando la Argentina”.
“El impacto sobre los precios internos ya es un tema del que pocos dudan. En la soja el efecto es nulo y en el trigo y maíz es mínimo. En el pan o en una medialuna son mucho más importantes los costos de transporte, marketing, packaging, que el de la materia prima. En las carnes la baja de precios estará determinada por el aumento de la oferta, que es rápida en pollos, pescados y cerdos. Todos los países toman decisiones de política económica con arsenales diferentes, lo llamativo es que ninguno utilice las retenciones como eje central de su política de industrialización. Coincido plenamente en que con la agroindustria no es suficiente, pero creo que debería ser el motor, por la demanda internacional y por las capacidades competitivas que tenemos”.
“Creo que el tema de retenciones o, mejor aún, el sistema impositivo de los próximos 20 años, es una discusión crucial para toda la sociedad. De ello dependerá hacia dónde caminaremos como sociedad y nación. El documento que escribimos juntos lo describe muy bien, en eso coincidimos. Creo que es tiempo de liberar las fuerzas productivas e impulsar un Estado de calidad. Hay que pagar muchos impuestos y el Estado debe dar cuenta a la sociedad de sus resultados. Soy partidario de reemplazar las retenciones –lo digo públicamente desde hace varios años y me gané varios enemigos–, no de eliminar el pago de impuestos”.
“Sin retenciones pasaríamos de 10 a 20 millones de tn de trigo, el precio bajaría y recobraríamos nuestra participación en el mercado brasileño. En el caso del maíz es similar, pasaríamos de 25 a 50 millones de tn. De la carne ni hablar, gracias a las políticas tenemos la carne más cara del mundo. Los precios internacionales pueden subir, pero luego bajarán por el aumento de oferta; ésta es la historia que se repite desde hace décadas. Cuando los mercados funcionan bien, el mejor remedio para los altos precios son los altos precios. Coincido contigo en que estos problemas deben ser integrados al proyecto de desarrollo nacional que pensamos juntos y sobre el cual escribimos”.