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Una interesante mirada del periodismo agropecuario escrita por Claudio Scaletta y publicada hoy en el Suplemento Cash de Página 12:

Las cámaras patronales del campo llaman periodismo agropecuario a colegas que en la Argentina más que ejercer su oficio se parecen a un grupo dedicado al lobby sectorial

El hecho de escribir sobre cuestiones económicas que involucran, en particular, a un sector de la economía, en este caso el agropecuario, determina que el escriba caiga, por razones ajenas a su voluntad, en una categoría a la que no quiere pertenecer: la de “periodista agropecuario”.

En un país de base agraria, contar la realidad de este sector es una tarea apasionante. De hecho, desde la mirada de la economía como ciencia, hablar de agro está directamente relacionado con el tratamiento de los principales problemas del desarrollo económico local. Problemas que, desde esta óptica, pueden resumirse en cómo desarrollar al máximo al sector agropecuario, tanto el vinculado con el mercado interno como con el externo, sin que el mismo entorpezca o interfiera en el desarrollo de los restantes componentes de la estructura económica. Recordando a uno de los tantos ingenieros, en este caso electrónico, que en la Argentina se dedicaron a la economía, Marcelo Diamand, el desarrollo demanda como tarea primigenia equilibrar la estructura.

Pero sucede que con prescindencia de la honestidad de muchos colegas que se dedican a contar la cotidianidad del “campo”, lo que se llama periodismo agropecuario en la Argentina parece más bien una minicorporación dedicada al lobby sectorial.

El lobby en el ejercicio del periodismo comenzó a visibilizarse de manera muy concreta para la opinión pública a partir del enfrentamiento del principal multimedios del país con la actual administración. Según el relato oficial con grabadores apagados, la lucha comenzó a partir de que se le negara al grupo la posibilidad de avanzar sobre Telecom, intento que marcó el límite de la relación. Desde entonces, como lo demostró el conflicto por la 125, el multimedios desató un continuo de guerrillas mediáticas que ya son un dato más de la realidad política local. El ejercicio del lobby se convirtió, formalmente desde entonces, en una rama del periodismo profesional. Pero en el periodismo agropecuario este lobby tiene una característica especial de franqueza, se ejerce sin pudor y con militancia, abandonando desde la primera letra cualquier pretensión de objetividad.

Una muestra de la empatía existente entre las corporaciones agropecuarias y sus comunicadores es la esquela de felicitación enviada el último miércoles por Federación Agraria con motivo del “Día del periodista agropecuario” con la firma de Pedro Peretti y Eduardo Buzzi. En uno de sus párrafos se lee: “Hoy, como desde hace 208 años, con su trabajo permiten que toda la sociedad conozca la realidad de nuestro sector, en momentos claves de definiciones políticas y en medio de un clima sumamente complicado para quienes eligieron, como ustedes, ejercer el periodismo en libertad, con un fuerte compromiso con la verdad y la ética”.

¿Qué querrán decir los federados con esto de “clima sumamente complicado para ejercer el periodismo en libertad”? Basta con encender una radio para escuchar que mucha represión de la verba encendida no existe. La crispación antigubernamental es la norma, no la excepción. ¿Se tratará entonces de vulgar pleitesía, de sumarse a la campaña de los dueños privados de Papel Prensa, según los cuales revisar la “presunta apropiación” de la empresa o el monopolio de la fabricación y distribución del papel constituye un ataque a la libertad de expresión? Y la pregunta más importante: cuando los “periodistas agropecuarios” leen esta salutación, ¿creerán que en realidad lo de ellos es una gesta militante por la libertad, la verdad y la ética en vez de vulgar lobby?

Hoy sábado 21 de agosto, La Nación publica una interesante columna de opinión de Félix Sammartino titulada “Por qué Cristina Kirchner cobra retenciones“. En la misma plantea la necesidad (y las dificultades) de pensar alternativas de recaudación a los derechos de exportación, un ejercicio que se viene dando en el sector profesional/intelectual más vinculado al sector agropecuario.

Vale destacar algunas reflexiones del periodista acerca del discurso de CFK en su reciente visita a la Bolsa de Comercio de Rosario:

“Junto a la defensa de las retenciones, a Cristina Kirchner se le escapó una confesión sobre las reales motivaciones que tiene este gravamen y que llegan hasta a contradecir sus anteriores afirmaciones.

En su discurso, la Presidenta comenzó por alejarse de los marcos teóricos para decir ‘que hay debatir con números’. Continuó con la crítica ‘al alto nivel de informalidad y evasión que todavía hay en la economía’. Y remató: ‘Yo estoy dispuesta a cambiarlas, pero yo tengo que sentarme y mirar que hay, evidentemente, una gran evasión que me obliga a mantener los derechos de exportación, que son altamente redistributivos y que tienen una sola salida, la Aduana, y por eso se pueden controlar. Porque es notable, ese número es muy fuerte’.

En efecto, la confesión presidencial demuestra que la razón más fuerte de la existencia de este impuesto es la facilidad y seguridad de su cobranza. Y mientras no exista un sistema de recaudación tributaria más equilibrado y efectivo parece bastante lógico que ningún gobernante quiera terminar de destetarse de las retenciones (….)”

“¿Por qué entonces no se trabaja de una buena vez una reforma tributaria integral? Hasta el momento nadie parece empujar el lápiz en el Congreso de la Nación con un proyecto de ley de reforma. El diputado Ricardo Buryaille, presidente de la comisión de Agricultura, se viene quejando de la situación. ‘Tenemos que tener coherencia. Cuando decimos que las retenciones son un mal impuesto debemos trabajar para encontrar otra alternativa superadora’. El trabajo presentado por el Juan Llach en el último seminario de la Fundación Producir Conservando parece ser la excepción a la regla. Allí se plantea y analiza el reemplazo gradual de las retenciones a las exportaciones por el impuesto a las ganancias, políticas de desarrollo local y una política nutricional de alcance universal.

Gracias a un nuevo sistema de incentivos se podrían eliminar gradualmente los impuestos distorsivos, afirma el trabajo. Pero además prueba que es fiscalmente factible la eliminación gradual de las restricciones a las exportaciones; el reemplazo gradual de las retenciones por impuestos a las ganancias manteniendo la reducción de los subsidios vigentes a la producción agroalimentaria; la unificación gradual de la alícuota del IVA sobre los alimentos en un 10,5%y la eliminación gradual del subsidio al gasoil. Surge como conclusión que para evitar que la actual crisis fiscal se transforme en crónica deben diseñarse políticas que permitan un rápido crecimiento de la economía y, por esa vía, reconstruir la solvencia fiscal”.

Hace ya unos cuantos años  Pierre Bourdieu afirmaba en su famoso ensayo La opinión pública no existe que en situaciones en las que se constituye la opinión, en particular las situaciones de crisis, las personas se hallan ante opiniones constituidas, de manera que elegir entre opiniones es, claramente, elegir entre grupos. A este principio el Bourdieu lo denominó efecto de politización.

El debate a las retenciones agropecuarias en Argentina se prestan especialmente para este análisis, baste recordar las movilizaciones y los debates en 2008 para quién dude de poder caracterizarlas como una situación crítica y aplicar el principio del famoso sociólogo francés.

Desde hace un tiempo largo, para hablar de retenciones es necesario elegir entre grupos que se definen políticamente y definir cada vez más tomas de posición en función de principios explícitamente políticos. Más allá de cualquier tecnicismo o de la mayor o menor cantidad de alternativas económicas, filosóficas o sociales posibles de ser analizadas, los derechos de exportación son un instrumento de acción política cuya existencia (o no) define una opción al desarrollo.

Y hablando las tomas de posición, durante el presente mes de agosto estamos asistiendo a un debate imperdible sobre el tema, aquí les dejo un generoso extracto.

1. En una primer nota titulada Proteínas como arma de negociación con el mundo, publicada el 5 de agosto de 2010 en diario Clarín, el empresario sojero Gustavo Grobocopatel afirmaba:

“El modelo económico se sustenta, entre otros pero sobremanera, en el aumento de la producción de alimentos, su exportación y provisión asegurada al mercado interno”.

“Pensar que la producción de alimentos es sólo soja y que nuestro rol debería reducirse a él es empequeñecer el horizonte. Argentina posee competitividad para producir una enorme cantidad de productos y el enorme desafío es crear y exportar productos con mayor grado de complejidad . Esto crearía mayor utilización de mano de obra, trabajo más calificado, mayor valor de las exportaciones y más oportunidades para más gente. Lo que está errado, en mi percepción, es creer que la soja es responsable de que ello no ocurra” (…) “podemos perder la oportunidad de crear un siglo de bienestar para nuestra sociedad”.

“Junto a Brasil y la región tendremos el rol de contribuir con más del 50% de la oferta futura de alimentos y energía verdes” (…) “el debate profundo y relevante no es quién captura las rentas sino con qué eficiencia se utilizan las mismas para lograr el desarrollo sustentable”.

2. Grobocopatel, le envía esta nota a su antiguo amigo de la infancia, el escritor y ensayista Mempo Giardinelli, quien fuera mi profesor en la antigua Escuela de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP, a lo que éste le responde con una Carta Abierta a Gustavo Grobocopatel. Soja si, soja no.
Publicada el 11 de agosto de 2010 en Página/12, Mempo Giardinelli, entre otras cosas, le contesta al empresario sojero:

“Las oportunidades económicas que mencionás en tu artículo podrían ser incluso compartibles, pero si muchos decimos que la soja es mala para la Argentina es porque vemos los daños que ha producido y produce: bosques arrasados; fauna y flora originarias destruidas; quemazones irresponsables de maderas preciosas; plantaciones desarrolladas a fuerza de glifosatos, round-up y otras marcas que parecen de Coca-Cola pero venenosa. Yo recorro el Chaco permanentemente y viajo por los caminos de las provincias del NEA y el NOA: Santiago del Estero, Santa Fe, Corrientes, Formosa, Misiones, Salta, Jujuy, y veo los ‘daños colaterales’, digamos, que produce la soja: agricultura sin campesinos; cada vez menos vacas en los campos; una industrialización completamente desalmada (eso digo: sin alma) y el incesante, inocultable daño a nuestras aguas”.

“En los viejos campos de algodón, tabaco, girasol o trigo que había en el Chaco trabajaban familias enteras para cultivar cada hectárea. Pero ahora un solo tractorista puede con 300 o 400 hectáreas de campo sojero y eso se traduce en la desocupación a mansalva y el amontonamiento de nuevos indigentes en las periferias de las ciudades de provincia”.

“Tu nota subraya ‘la oportunidad que tenemos’, pero ¿qué desarrollo y qué sustentabilidad tendrán las futuras generaciones de argentinos sobre un territorio desertificado en enormes extensiones, un subsuelo glifosatizado y con las aguas contaminadas con cianuro, arsénico y una larga lista de químicos letales que ya es pública y –sobre todo– notoria?”.

“Soja sí, entonces, pero no si se descuidan el medio ambiente y el agua. No sin desarrollar alternativas verdaderas para los miles de campesinos que han sido y están siendo expulsados de sus tierras de modos brutales o sutiles. No si los sojeros siguen eludiendo impuestos y negreando a sus empleados.
No si las grandes empresas semilleras o herbicidas siguen comprando medios y periodistas para que mientan a cambio de publicidad.

“No todo es soja sí o soja no, de acuerdo. Pero tampoco la declaración de idealismo e inocencia que se lee en tu artículo”.

3. El día 13 de agosto de 2010, el diario Página/12 publica la respuesta de Grobocopatel a la nota de Giardinelli, titulada así de simple, Respuesta a Giardinelli. De esta nota elegí destacar los siguientes párrafos del empresario oriundo de Carlos Casares:

“Todo lo que ves y te preocupa es sin duda una realidad que, desde mi punto de vista, se debe no sólo al oportunismo de algunos pocos, sino a la falta de un Estado de calidad, responsable y respondible. Los problemas que describís deberían ser resueltos con un ordenamiento territorial, con organismos de control, con justicia. Sin soja, este proceso de deterioro que observás se hubiera acelerado, más pobreza, más migraciones a las villas de Rosario o Buenos Aires”.

“La agricultura sin campesinos es parte de un nuevo paradigma vinculado con trasformaciones en la sociedad. Es un proceso que observamos desde la década del ’40, no está asociado a una ideología y no afecta sólo al campo; también hay muchas industrias con menos obreros. Por supuesto que las políticas aceleran o retrasan el proceso y lo pueden hacer más o menos equitativo, pero es inevitable y, desde mi punto de vista, positivo más allá de los temores que despierte”.

“No hace mucho tiempo, a pequeños productores que estaban a punto de perder sus campos en manos de los bancos o de los usureros locales. Este nuevo sistema agrícola de servicios ha hecho mucho más por ellos que el Estado o los organismos públicos o multilaterales. La nueva agricultura, con campesinos transformados en emprendedores, en proveedores de servicios, con hijos en las universidades o escuelas técnicas, con condiciones de trabajo calificadas, creo que es lo mejor para toda la sociedad. Hay más empleo, pero alocados en diferentes lugares, menos productores, más proveedores de servicios, más industrias”.

“Yo creo que la desocupación es menor a la que hubiera habido sin soja, en todo caso lo que falta es la industrialización de la soja en origen y así dar más trabajo. Por ejemplo, transformar la soja en pollo, cerdos, milanesas o derivados lácteos. El tema es cómo se estimula ese proceso. Mi punto de vista es que debería ser la inversión privada con incentivos desde el Estado”.

“En nuestro país el éxito está mal visto, los empresarios son permanentemente degradados, los emprendedores no tienen ganancias suficientes porque la presión impositiva es grande, no hay posibilidades de invertir. Yo puedo decirlo, ya que contra viento y marea en los últimos años invertí en producción de pollo, de harinas, de fideos, etcétera. No lo hice con ganancias grandes, tuve que vender el 25 por ciento de mi empresa a inversores brasileños y no tuve gran apoyo de los bancos.
Qué bueno sería que sean las ganancias genuinas las que incentiven estas inversiones y que haya grandes empresas nacionales que se globalicen y sean parte de una gesta nacional en el mundo. Entonces en Charata o en Sáenz Peña o cualquier otro lugar de Chaco tendríamos más trabajo y retendríamos a la gente en sus lugares. No para subsistir sin dignidad, que para mí es sinónimo de “agricultura familiar”, sino para vivir con calidad y oportunidades”.

“La Argentina este año crecerá el 7 u 8 por ciento, de eso el 3 por ciento se debe a la soja. Y hay otros sectores vinculados: la industria automotriz, petroquímica, química, electrónica, metalmecánica, etcétera. No hubiesen sido posibles las Asignaciones por Hijo, los aumentos a jubilados, sin el aporte del campo. No es lo único, por favor; pero debemos reconocer y agradecer el aporte”.

“Las cosas que te preocupan tienen para mí otra lectura: gracias a la siembra directa no estamos desertificando más, el glifosato es el menos malo de los herbicidas y no pasa a las napas porque se destruye al tocar el suelo. La desigualdad no se puede combatir si no hay creación de riqueza, salvo que quisiéramos igualar para abajo. Creo que la sociedad se debe un debate claro y objetivo sobre estos temas”.

“Hoy un productor aporta el 80 por ciento de sus ganancias como impuestos, con el agravante de que si pierde dinero sigue pagando. El problema no es pagar impuestos. Yo creo que debemos pagar muchos impuestos y fortalecer al Estado. El problema es cómo se paga. Las retenciones son anti-Chaco, anti–desarrollo rural, anti-equidad. De esto tengo certeza”.

“La acusación de negrear o comprar medios es, por lo menos, injusta para la mayoría que cumplimos con nuestras obligaciones. No digo que no haya casos, pero no puedo aceptar este prejuicio”.

4. El domingo 15 de agosto, una nueva carta de Mempo Giardinelli se publica en Página/12 bajo el título Soja transgénica y glifosato, ésa es la cuestión. En ella Giardinelli afirma:

“Ante todo, quiero precisar nuevamente el argumento medular de mi carta anterior: que no es suficiente pensar una ‘estrategia de desarrollo con una visión de largo plazo’ a cualquier precio”.

“Con tu permiso, entonces, voy a discutir algunas de tus afirmaciones. Decís que ‘Falta un Estado de calidad’ y proponés ‘un ordenamiento territorial, con organismos de control, con justicia’. Digo yo: ¿No es justamente eso lo que intenta el Estado ahora, al proponer un Plan Agropecuario Nacional a 10 años, y una ley de arrendamiento que incluye un principio de ordenamiento territorial? ¿Es razonable oponerse sólo porque son propuestas K? Ignoro tu posición al respecto, pero la del llamado ‘campo’ me parece muy contradictoria. Con el debate por la ’125′ pasó lo mismo, y ahora muchos se dan cuenta de que les salió el tiro por la culata”.

“Hacia el final de tu carta decís que ‘gracias a la siembra directa no estamos desertificando más, el glifosato es el menos malo de los herbicidas y no pasa a las napas porque se destruye al tocar el suelo’. Pero esto no es así, porque son muchos los millones de hectáreas que se deforestaron para sembrar soja y tienen destino de desierto ya que las rotaciones son difíciles. Y cuando deforestan para ampliar el área sembrada inevitablemente desertifican, al generar ‘cambio climático’ (ciclos de sequías e inundaciones, como padecemos en el Chaco)”.

“Vos decís: ‘Sin soja este proceso se hubiera acelerado’ y que la degradación data en el Chaco ‘de mucho tiempo atrás, antes de la soja’. Es cierto, todos los problemas son anteriores, pero eso no autoriza a dar la bienvenida a la soja a cualquier precio”.

” ‘La movilidad social era mucho más lenta, para ser agricultor tenías que ser hijo de… Hoy los emprendedores, no importa su origen, pueden llegar a ser productores…’ Aquí tengo otro desacuerdo, Gustavo, porque en la Argentina de hoy, a 15.000 dólares la hectárea, la concentración es asombrosa: hay media docena de grandes agroindustrias, mientras 200.000 productores familiares tienen el 15 por ciento de la tierra”.

“Mencionás luego a los ‘pequeños productores que estaban a punto de perder sus campos en manos de los bancos o de los usureros locales. Este nuevo sistema agrícola de servicios ha hecho mucho más por ellos que el Estado… ‘ Pero esto no es verdad. Fue el Estado el que condonó deudas; fue el Banco Nación el que refinanció a muy bajo costo y apoyó de múltiples maneras a los que perdían sus propiedades. Me parece injusto atribuirle semejantes méritos al nuevo sistema”.

“Decís que ‘la desocupación es menor a la que hubiera habido sin soja’ y que falta industrializar la soja en origen para ‘dar más trabajo’. Esto también es discutible. Hay muchísimos cultivos sin mano de obra, y el 70 por ciento de los que trabajan están en negro. Sobran datos sobre esto. Pero además aquí se dice que no es posible industrializar porque la demanda (es decir, China) la requiere tal como se exporta: puro poroto. Lo que es una condena adicional. Un amigo empresario al frente de una pyme me dice: ‘De aquí sale tabla aserrada pero nada de muebles. Yo visité la región de La Marca, en Italia, y en una zona que no es más grande que Tucumán hay 5000 fábricas de muebles, y exportan 20.000 millones de euros al año. ¡Todo con madera importada!’ Eso es lo que hace China: nos compra el poroto, nuestra tierra queda exhausta y el agua contaminada, y la industrialización la hacen ellos”.

Personalmente estoy con Mempo, por estas palabras y por otras tantas que han sido publicadas en distintos medios. No quiero dejar de decir que lo que más me choca son las palabras de Grobocopatel cuando afirma que la ‘Agricultura Familiar’ es sinónimo de ‘subsistencia sin dignidad’ desconociendo los aportes de ésta a la soberanía alimentaria, a la mano de obra, a las redes sociales, temas que oportunamente destaqué en una ponencia titulada De la intervención a la implicación, por un cambio de enfoque en la gestión de las políticas de apoyo a la agricultura familiar, presentada en el I Congreso de Economía del Desarrollo Globalización, desarrollo desigual y dependencia, en la  Facultad  de  Ciencias  Económicas y Empresariales de la Universidad de Málaga, en diciembre de 2007.

Dado que en estos dos años han pasado muchas cosas y en el afán de no salirme del mismo contexto (agosto de 2010), quiero destacar otras dos noticias publicadas durante el presente mes:

I. En el suplemento IEco de diario Clarín, en una nota titulada Los Grobo fabricarán pastas para llevar el trigo a la mesa y publicada eñ 9 de agosto de 2010, Silvia Naishtat afirma:

“Sobre la ruta 5 y a 312 kilómetros de Buenos Aires, un edificio extendido que combina la chapa de los silos, vidrio y cemento con estilo futurista alberga la sede central de Los Grobo” (…) “en ese lugar se toman decisiones de un grupo que cultiva 100.000 hectáreas en la Argentina y otras 180.000 entre Brasil, Uruguay y Paraguay y que facturará US$ 800 millones esta campaña. Desde hace tiempo, los Grobo, con un plantel de 1.000 personas, están concentrados en posicionarse en cada eslabón de la cadena agroindustrial. Por eso, pegarán el salto a la fabricación de pastas integrando la producción de trigo y su transformación hasta llevarlo como alimento a la mesa de los consumidores”.

Los datos publicados por Naishat hechan por tierra las afirmación de Grobocopatel acerca de las imposibilidades de inversión en nuestro país y sobre la inexistencia de grandes ganancias.

II. En una nota titulada Castigo a la gula y publicada en Página/12, Alfredo Zaiat afirma que:

“Los Derechos de Exportación son una importante herramienta de política económica en manos del Poder Ejecutivo para intervenir en el objetivo de equilibrar la estructura productiva con tipos de cambio diferenciales” (…) “en esa puja se dirime una de las principales disputas de poder político, con las correspondientes alianzas sociales que acompañan a cada uno de los actores involucrados y sus respectivos senderos de desarrollo que proponen”.

Como si fuera poco, hoy, Página/12, publica una nueva Carta abierta a Grobocopatel, pero esta vez firmada por el prestigioso economista del Plan Fénix, Aldo Ferrer. Aquí los principales pasajes de la nota:

“Creo que el análisis debe ubicarse en el contexto más amplio del desarrollo de toda la economía nacional en su inmenso territorio y su posicionamiento en el orden mundial. Concentraré mi comentario en la cuestión de las retenciones, que es crucial en el tratamiento del tema”.

“Desvincular las retenciones del tipo de cambio no es sólo una insuficiencia de tu afirmación, sino una falta generalizada en todo el debate sobre la materia. La consecuencia es que el problema se reduce a su impacto en la distribución del ingreso. En mi intervención en las comisiones de Agricultura y
Hacienda de la Cámara de Diputados de la Nación, durante el tratamiento de la resolución 125, destaqué que el debate se limita a ese aspecto distributivo cuando, en realidad, lo que está en juego es la estructura productiva y el desarrollo económico”.

“Para el único fin para el cual las retenciones son insustituibles es para establecer tipos de cambio diferenciales, que es lo que realmente importa para la competitividad de toda la producción interna sujeta a la competencia internacional, en toda la amplitud del territorio nacional y sus regiones”.

“las retenciones permiten resolver el hecho de que, por ejemplo, la producción de soja es internacionalmente competitiva con un tipo de cambio, digamos, de dos pesos por dólar y, la de maquinaria agrícola, de cuatro” (…) “las retenciones, no es estrictamente un impuesto sobre la producción primaria, sino un instrumento de la política económica. El mismo genera un ingreso fiscal cuya aplicación debe resolverse en el presupuesto nacional, conforme al trámite
constitucional de su aprobación y ejecución”.

“Todos los países utilizan un arsenal de instrumentos (aranceles, subsidios, tipos de cambio diferenciales, etc.) para “administrar” el impacto de los precios internacionales sobre las realidades internas, con vistas a defender los intereses “nacionales”. En la Unión Europea, por ejemplo, sucede a la inversa que en nuestro país: las manufacturas industriales son relativamente más baratas que los productos agropecuarios. En consecuencia, se subsidia la producción agropecuaria, lo cual insume la mayor parte de los recursos comunitarios. Si no lo hiciera, desaparecería la actividad rural bajo el impacto de las importaciones, situación inadmisible por razones, entre otras, de seguridad alimentaria y equilibrio social”.

“En nuestro ejemplo, si el tipo de cambio fuera el mismo, dos o cuatro por dólar, tanto para la soja como para la maquinaria agrícola, en el primer caso (dos por dólar) desaparecerían la producción de la segunda y gran parte de la industria manufacturera, sustituida por importaciones. Las consecuencias serían un desempleo masivo, aumento de importaciones, déficit en el comercio internacional, aumento inicial de la deuda externa y, finalmente, el colapso del sistema. En el segundo caso (cuatro por dólar), se produciría una extraordinaria transferencia de ingresos a la producción primaria, el aumento de los precios internos y el desborde inflacionario” (…) “Unificar el tipo de cambio traslada los precios relativos internos a los internacionales, con lo cual el campo se convierte en un apéndice del mercado mundial en vez del rol que le corresponde como sector fundamental de un sistema económico nacional, condición necesaria del desarrollo de cualquier país”.

“la cadena agroindustrial (incluyendo todos sus insumos de bienes y servicios provenientes del resto de la economía nacional) genera 1/3 del empleo y, por lo tanto, es inviable una economía, próspera de pleno empleo, limitada a su producción primaria, por mayor que sea la agregación de valor y tecnología al complejo agroindustrial. En otros términos, no es viable una economía nacional reducida a ser el ‘granero ni, tampoco, la góndola del mundo. Sólo con esto nos sobra la mitad de la población. Por otra parte, la ciencia y la tecnología son el motor del desarrollo de las sociedades modernas y, para desplegarlas, es indispensable una estructura productiva diversificada”.

“Si se alcanza el convencimiento compartido sobre la estructura productiva necesaria y posible, se abandona la discusión de las retenciones como un problema reducido a la distribución del ingreso”.

“Las retenciones deben ser ‘flexibles’” (…) “la comprensible demanda del ruralismo integrado por pequeños y medianos productores de recibir un trato preferente es, probablemente, difícil de cumplir con retenciones distintas conforme al tamaño de las explotaciones o la distancia a los puertos y centros de consumo. Otros medios pueden ser utilizados con más eficacia para los mismos fines.
Es necesario referir los problemas señalados en el intercambio de cartas comentado al desarrollo nacional. Vale decir, el pleno despliegue del potencial, la gobernabilidad, la libertad de maniobra en un mundo inestable, la inclusión social, factores todos que, en definitiva, son esenciales para la prosperidad del campo, de la industria, las regiones, el capital y el trabajo, y para proteger la naturaleza y el medio ambiente. Para contribuir a tal fin es indispensable aclarar, de una vez por todas, qué son y para qué sirven las retenciones”.

Una nueva carta asoma en el horizonte, Gustavo Grobocopatel le contesta ahora a Aldo Ferrer desde Página/12. Aquí los principales pasajes de Carta a Aldo Ferrer publicada el 18 de agosto de 2010. Continuará…?

“Tengo claro que no hay diferentes visiones entre nosotros sobre hacia dónde debemos ir como sociedad y economía; nuestras diferencias están en cómo llegar”.

“Quisiera sólo hacer comentarios de alguien que no es economista pero que, con el respeto y consideración que sabes tengo por vos, tiene muchas dudas sobre tus argumentos que defienden la utilización de las retenciones” (…) “el balance general en estos años no fue bueno: no generó una industrialización competitiva ni sustentable, tampoco grandes cantidades de empresas argentinas de calidad global; los pobres aumentaron y la brecha con los más ricos también; el PBI de Argentina no creció como el de los países semejantes y otras medidas de bienestar más modernas arrojan resultados realmente malos. Para tomar un caso cercano: Brasil, sin retenciones y con un tipo de cambio bajo, tuvo todos los logros que no pudimos conseguir, disminuyendo la pobreza de forma sorprendente”.

“Con más ganancias hubiéramos invertido en industrializar más las materias primas” (…) “en el interior hay miles de emprendedores que, como Los Grobo, están en las gateras esperando las señales. Los pueblos de interior se llenarían de pymes y grandes empresas. El empleo aumentaría y se revertiría el proceso migratorio. El problema de fondo de las retenciones es que genera protección también a sectores que no pudieron ni pueden salir de sus problemas. Las políticas activas de Estado permiten, cuando son diseñadas tomando en cuenta los agentes que las reciben, aumentar la producción a la vez que disminuir los precios de los bienes y servicios que consume la gente, aumentando la calidad de vida de los habitantes y desarrollando la Argentina”.

“El impacto sobre los precios internos ya es un tema del que pocos dudan. En la soja el efecto es nulo y en el trigo y maíz es mínimo. En el pan o en una medialuna son mucho más importantes los costos de transporte, marketing, packaging, que el de la materia prima. En las carnes la baja de precios estará determinada por el aumento de la oferta, que es rápida en pollos, pescados y cerdos. Todos los países toman decisiones de política económica con arsenales diferentes, lo llamativo es que ninguno utilice las retenciones como eje central de su política de industrialización. Coincido plenamente en que con la agroindustria no es suficiente, pero creo que debería ser el motor, por la demanda internacional y por las capacidades competitivas que tenemos”.

“Creo que el tema de retenciones o, mejor aún, el sistema impositivo de los próximos 20 años, es una discusión crucial para toda la sociedad. De ello dependerá hacia dónde caminaremos como sociedad y nación. El documento que escribimos juntos lo describe muy bien, en eso coincidimos. Creo que es tiempo de liberar las fuerzas productivas e impulsar un Estado de calidad. Hay que pagar muchos impuestos y el Estado debe dar cuenta a la sociedad de sus resultados. Soy partidario de reemplazar las retenciones –lo digo públicamente desde hace varios años y me gané varios enemigos–, no de eliminar el pago de impuestos”.

“Sin retenciones pasaríamos de 10 a 20 millones de tn de trigo, el precio bajaría y recobraríamos nuestra participación en el mercado brasileño. En el caso del maíz es similar, pasaríamos de 25 a 50 millones de tn. De la carne ni hablar, gracias a las políticas tenemos la carne más cara del mundo. Los precios internacionales pueden subir, pero luego bajarán por el aumento de oferta; ésta es la historia que se repite desde hace décadas. Cuando los mercados funcionan bien, el mejor remedio para los altos precios son los altos precios. Coincido contigo en que estos problemas deben ser integrados al proyecto de desarrollo nacional que pensamos juntos y sobre el cual escribimos”.

Roberto Felleti, Viceministro de economía de la Argentina, analiza en una nota de opinión publicada el domingo 18 de abril en Crítica Digital, la oportunidad que se presenta en nuestros países del Cono Sur para coordinar políticas públicas autónomas y regionales en el marco de la UNASAUR y desmarcarse definitivamente de organismos como el FMI y el BM.

El cierre del proceso de capitalización del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuyo principio de acuerdo comenzó a estructurarse en la última Asamblea de Gobernadores realizada en Cancún en el mes de marzo, promueve la reflexión sobre el rumbo que tiende a adoptar el multilateralismo financiero y crediticio para el desarrollo, después del desencadenamiento de la crisis internacional.

Al considerar el tema no podemos soslayar el intento de Europa y los Estados Unidos de restituir al Fondo Monetario Internacional (FMI) su rol de celador del equilibrio económico global.

Las discusiones que se desarrollan en el seno del G20 reflejan esta tendencia. Existe una pretensión de que el FMI comience a reunir información sobre los equilibrios del sector externo de los países integrantes, con el objetivo de diseñar un balance global que les permita a los países desarrollados, esencialmente a EEUU, restablecer el orden en su balance de pagos. Esto revela que no encuentran mecanismos, como en el pasado, para transferir su crisis al resto del mundo.

Estas dificultades se verifican en dos aspectos:

•El límite para devaluar su moneda, sin el riesgo que deje de ser reserva internacional. La acumulación de reservas internacionales en dólares por parte de los países emergentes, impide que EEUU administre esa liquidez y la depreciación de su moneda conforme a sus necesidades de equilibrio macroeconómico. No es casual que Olivier Blanchard (Economista en Jefe del FMI) se pronunciara sobre la inconveniencia para los países emergentes de acumular reservas en sus bancos centrales. Tampoco que estos últimos hayan abierto un debate sobre la necesidad de poner en valor esas reservas acumuladas en exceso, adquiriendo activos y/o cancelando pasivos.

•La recesión interna y la abundancia de fondos sin aplicación real. Esto impide una suba de la tasa de interés en los países centrales y un posterior “vuelo a la calidad” de la liquidez internacional.

Este es el cuadro de situación que impulsa el renovado vigor del FMI como gendarme económico mundial, en busca de un diseño que restablezca el viejo orden. Nada es nuevo en el viejo Fondo. Quienes imaginaban un reverdecer de los acuerdos de Bretton Woods, e inclusive aconsejaban financiarse con sus recursos, paulatinamente se resignan ante la evidencia de que las recetas continúan siendo las mismas, sólo que hoy encuentran más dificultades para ser aplicadas.

Esta tendencia se traslada a los organismos multilaterales de crédito para el desarrollo, principalmente al Banco Mundial (BM) y al BID.

El BM se encuentra surcado por un fuerte debate sobre “voz y representación”. Si bien los consensos del G20 definieron que los países en desarrollo y en transición debían acrecentar su participación en las decisiones del Banco dado su rol de prestatarios y el peso específico de sus economías (esencialmente Brasil, Rusia, China e India), la realidad evidencia que su capitalización no va a reflejar un mayor peso específico de los países de ingresos medios – excepto en el caso de Brasil y China- sino que, por el contrario, el incremento de capital refuerza la capacidad de los países desarrollados para orientar los criterios de asignación crediticia del Banco.

Estos mínimos cambios en la “voz y representación” a favor de los países en desarrollo, se contrarrestan con un encarecimiento del crédito para inversión. La promoción de esquemas de ayuda subsidiada a los países de ingresos más bajos y de proyectos que mitiguen los impactos ambientales y de cambio climático, relegan la importancia de fondos para inversión en infraestructura para el desarrollo. Además, se da por sentado una pérdida del peso relativo global del Banco, pues esta capitalización apenas restablece los niveles de oferta crediticia previos a la crisis.

En el caso del BID, el aumento de capital reflejado en el aporte de los EEUU tiende a ser exiguo para las necesidades de la región. Pero lo más novedoso es el intento de limitar el otorgamiento de los créditos de inversión para el desarrollo al cumplimiento de salvaguardas de sustentabilidad macroeconómica y medioambientales, hasta ahora inexistentes en los cincuenta años de vigencia de la institución. En lo atinente a la sustentabilidad macroeconómica, hubo un clara tentativa de introducir el monitoreo del FMI en los países tomadores de créditos para el desarrollo.

La incertidumbre sobre el rumbo que pueda adoptar el sistema monetario internacional en los próximos años, sumado a las presiones que instalan los países desarrollados para cerrar sus brechas, obligan a un fuerte replanteo de la posición de aquellos que se encuentran en desarrollo para no ser actores pasivos de soluciones que no les favorecen.

La importancia de la región en el rediseño poscrisis.En esa dirección, las naciones suramericanas nucleadas en la UNASUR, han comenzado desde 2005 rondas de discusión tendientes a configurar una arquitectura financiera para la región, que consolide la solvencia externa y autonomice a Suramérica de la volatilidad de los mercados internacionales.

Todavía estas iniciativas se encuentran en etapa de deliberación y, en algunos casos, con principio de ejecución, pero dan cuenta de que la crisis financiera internacional, entre otros efectos, ha generado las condiciones para pujar por una distribución más equitativa del poder en el nuevo orden mundial, rechazando aquella que históricamente tensionó a la región a procesos de pobreza, desigualdad y dependencia.

La revisión de las instituciones de integración regional centradas en la multilateralidad de pagos -como el convenio ALADI-, o la multilateralidad de crédito – como es el caso del BID-, exige la recreación de instituciones para la integración que puedan hacerse cargo de las necesidades de financiamiento para el desarrollo y de la coordinación del uso de reservas.

Iniciativas como el Banco del Sur, la capitalización de la CAF -y su extensión a Suramérica-, y la ampliación del sistema de uso de la moneda local para el intercambio intraregional, son decisiones que reflejan esta vocación continental.

La región se encuentra ante la oportunidad histórica de profundizar este camino, para no ser prisionera de un rediseño monetario y financiero internacional, que la vuelva a insertar pasivamente en los flujos de capital con las consecuencias por todos conocidas.

Suramérica ha alcanzado en la primera década del siglo equilibrios externos que le permiten pensar políticas públicas autónomas y regionales. Su afianzamiento depende de la capacidad de influir como bloque en el rediseño poscrisis. La Unasur es la herramienta para este objetivo.

Vaquitas ajenas

Una columna imperdible de Enrique Martínez, Presidente del INTI, en Página/12 acerca del negocio de la tierra en Argentina, una mirada profunda al concepto de soberanía…

La Federación Agraria Argentina está auspiciando un proyecto de ley para frenar la compra de tierras por parte de extranjeros, quienes ya serían dueños de 20 millones de hectáreas productivas en el país. ¿Cómo no adherir al concepto? Pero la situación invita a varias reflexiones complementarias.

Primero: En tiempos de globalización, donde los inversores pueden ir a cualquier rubro en cualquier punto del planeta, que se compre semejante superficie en Argentina muestra que tener tierra es muy buen negocio. No se compra la tierra sólo para mirar serenamente la puesta de sol, con todo lo bello que ello puede ser.

Segundo: Es un gran negocio, aunque se viva a decenas de miles de kilómetros de distancia, porque sólo en esta región se da en arriendo tanta tierra y con tanta renta para el propietario pasivo. Sólo hay que ser dueño. Ni siquiera hay que conocer el campo.

Tercero: Para más seguridad del inversor extranjero están los pools de siembra, que son grandes y brindan la tranquilidad de alquilar miles de hectáreas de una vez, sin tener que negociar con demasiados contratistas. Son dos caras de la misma moneda.

¿A qué aspira la Federación Agraria? Su mirada estratégica la deberían explicar ellos. Sería bueno entender cuál es la visión última de la estructura productiva agropecuaria que les parece adecuada para un país justo. Pero en concreto, si el actual intento de bloquear a los extranjeros es exitoso, lo que se conseguirá es simplemente reservar el fabuloso negocio actual para quienes ya lo disfrutan, sin resolver el problema de fondo, que es que la demanda de tierra para trabajarla es muy superior a la oferta.

Muy distinto sería aplicar una legislación que obligue a los dueños de la tierra a no dejar la tierra ociosa, trabajándola por sí mismos o por terceros que tengan su sede física a distancias razonables del emprendimiento, digamos 100/150 kilómetros como máximo. Esta lógica recuperaría el sentido de que la tierra debe ser para quien la trabaja, con una mirada de promoción regional fuerte, y simultáneamente haría disminuir con fuerza el interés de extranjeros por comprar cajas de seguridad de miles de hectáreas de dimensión, que es lo que hoy hacen.

La soberanía sin justicia es una consigna falsa. La bandera antes que la dignidad para todos ya fue expuesta por el nacionalismo oligárquico hace casi un siglo. Es conveniente equilibrar las cargas en el carro. Que la tierra sea para los argentinos, pero para todos.

http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-142238-2010-03-18.html

Hace unos pocos días, en el contexto de la Cumbre de las Américas, Hugo Chavez le regaló a Obama el libro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina. Los periódicos recogieron prontamente cómo este libro pasaba del 60.000 al top ten en sitios como Amazon, pero muy pocos se preguntaron ¿por qué este libro?

Aquí una respuesta posible, escrita por Emir Sader

¿Por qué Hugo Chávez escogió el libro Las venas abiertas de América latina para regalarle al nuevo presidente de Estados Unidos? Porque es uno de los libros esenciales para entender a América latina y a los propios Estados Unidos. ‘La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder. Nuestra comarca del mundo, que hoy llamamos América latina, fue precoz: se especializó en perder desde los remotos tiempos en que los europeos del Renacimiento se abalanzaron a través del mar
y le hundieron los dientes en la garganta.’

Un libro que asienta la comprensión de nuestra América en los dos pilares que articulan nuestra violenta inserción subordinada al mercado capitalista internacional: el colonialismo y las dos más grandes masacres de la historia de la humanidad, la aniquilación de los pueblos indígenas y la esclavitud. El capitalismo llegó a estas tierras chorreando sangre, mostrando a lo que venía. No a traer civilización fundada en las armas y el crucifijo, sino opresión, discriminación, explotación de los recursos naturales y los seres humanos.

El proceso de colonización, que cambió de forma con el paso a la explotación imperial, es el fundamento, el tema central y el nombre del libro: ‘Es América Latina, la región de las venas abiertas. Desde el descubrimiento hasta nuestros días, todo se ha trasmutado siempre en capital europeo o, más tarde, norteamericano, y como tal se ha acumulado y se acumula en los lejanos centros de poder. Todo: la tierra, sus frutos y sus profundidades ricas en minerales, los hombres y su capacidad de trabajo y de consumo, los recursos naturales y los recursos humanos. El modo de producción y la estructura de clases de cada lugar han sido sucesivamente determinados, desde fuera, por su incorporación al engranaje universal del capitalismo’.

Las venas demuestran fehacientemente cómo ‘…el subdesarrollo latinoamericano es una consecuencia del desarrollo ajeno, que los latinoamericanos somos pobres porque es rico el suelo que pisamos y que los lugares privilegiados por la naturaleza han sido malditos por la historia. En este mundo nuestro, mundo de centros poderosos y suburbios sometidos, no hay riqueza que no resulte, por lo menos, sospechosa’.

‘Con el paso del tiempo, se van perfeccionando los métodos de exportación de las crisis. El capital monopolista alcanza su más alto grado de concentración y su dominio internacional de los mercados, los créditos y las inversiones hacen posible el sistemático y creciente traslado de las contradicciones: los suburbios pagan el precio de la prosperidad, sin mayores sobresaltos, de los centros.’ ‘Ya se sabe quiénes son los condenados a pagar las crisis de reajuste del sistema. Los precios de la mayoría de los productos que América latina vende bajan implacablemente en relación a los precios de los productos que compra a los países que monopolizan la tecnología, el comercio, la inversión y el crédito.’

El presidente de Estados Unidos dijo, con razón, que la reunión de Trinidad-Tobago demostrará su significado por los efectos concretos que tenga. Ningún efecto será más importante que las consecuencias que él –y tantos otros mandatarios latinoamericanos– saquen de la lectura de Las venas abiertas de América latina, de nuestro mejor escritor, Eduardo Galeano. Las verdades de sus páginas se han confirmado al trasformarse el libro en prueba irrefutable del carácter subversivo del que fuera agarrado con un ejemplar en su casa,
durante las dictaduras militares latinoamericanas.

Pero por la fuerza de sus verdades es por lo que este libro latinoamericano merece estar en cualquier lista de lecturas indispensables, hechas o por hacer. Es el mejor regalo que un latinoamericano le puede dar al presidente de Estados Unidos, a todos y a cualquier norteamericano, a todos los latinoamericanos, por lo que descifra de nuestra historia y de nuestra identidad, de nuestro pasado y de nuestro presente.

Publicado en diario Página/12 el día 22 de abril de 2009.

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Un tiempo atrás cuando mi Director me pasó las fichas con la bibliografía para armar el marco teórico de la investigación, me señaló una obra con especial interés. Se trataba de La invención del Tercer Mundo, del antropólogo colombiano Arturo Escobar, un libro cuyo objetivo manifiesto es la desconstrucción de la noción de desarrollo. Un texto maravilloso.

Literalmente desconstruir significa desmontar, desmantelar, o, si se prefiere una definición más elaborada, “des-sedimentar los estratos de sentido que ocultan la constitución genética de un proceso significante bajo la objetividad constituida”, el que quiere-decir de un discurso, su cara oculta, su deseo de idioma, por citar algunas de las aproximaciones a este concepto que Jacques Derrida, su principal impulsor, utiliza en La desconstrucción en las fronteras de la filosofía.

Escobar deja en claro desde un principio que el discurso del desarrollo no es otra cosa que un discurso de poder y para ello apela a los regímenes de representación, un principio muy potente para estudiar los mecanismos y consecuencias de la construcción del Tercer Mundo a través de representaciones. Esto le servirá para afirmar que el desarrollo es en gran medida un enfoque de arriba abajo, etnocéntrico y tecnocrático, que nunca fue concebido como proceso cultural sino más bien como un sistema de intervenciones técnicas. “No resulta sorprendente -dirá el autor- que el desarrollo se convirtiera en una fuerza tan destructiva para las culturas del Tercer Mundo, irónicamente en nombre de los intereses de sus gentes” .

Uno de los aportes más novedosos del libro es la propuesta de etnografía institucional, una metodología diseñada especialmente para analizar las prácticas específicas de las instituciones del desarrollo, antes que a los supuestos beneficiarios. El planteo se fundamenta en que las prácticas cotidianas del hacer por parte de las instituciones no son únicamente racionales o neutrales, sino que producen y reproducen situaciones de poder. La novedad del enfoque proviene, más que de la técnica misma, del viraje que se propone para la observación.

La vía del postdesarrollo aparece como alternativa, una bocanada de aire fresco que Escobar deja escapar justo a tiempo. Surgida de la crítica postestructuralista, se refiere a la posibilidad de crear discursos y representaciones alternativas a partir de una construcción participativa de las prácticas del saber y del hacer que otorgue una mayor visibilidad a las formas del conocer producidas por los propios sujetos.

De acuerdo con este enfoque, el desarrollo deja de ser el principio organizador de la vida social. Una menor dependencia de los conocimientos expertos da lugar a una revalorización de las culturas vernáculas y otorga un mayor protagonismo a las movilizaciones de base. En un texto breve titulado El “postdesarrollo” como concepto y práctica social, el autor sugiere “hacer visibles las formas de conocimiento producidas por aquellos que son ‘objeto’ del desarrollo”, enfocando las subversiones y resistencias que a nivel local la gente efectúa en relación con la racionalidad intervencionista de las instituciones del desarrollo; y destacando las estrategias alternas a los proyectos de desarrollo producidas por los movimientos sociales.

La vía del postdesarrollo no implica, entonces, recorrer el camino del desarrollo en el sentido inverso, sino más bien pensar la intervención desde las políticas públicas de una manera distinta; gestionar un modo diferente de concebir la participación de los actores sociales en una opción que no sólo les permita ser vistos, sino que habilite el protagonismo de sus discursos.

Vandana Shiva (India), Gilbert Rist (Suiza), Wolfgang Sachs (Alemania), Serge Latouche (Francia), Gustavo Esteva (México) y Majid Rahnema (Irán), son otros intelectuales que también podrían identificarse con esta corriente.

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